Construir en clave sostenible

Industrialización. Por una industrialización con calidad arquitectónica

El renovado impulso de la industrialización

Por: Josecho Vélaz Ballesteros

Coordinador del GT de Industrialización del CSCAE

Está en boca de todos la necesidad acuciante de vivienda y las dificultades que se presentan para su producción: altos costes, mano de obra escasa, larga duración del proceso, precariedad de las condiciones de trabajo. Y es en este momento cuando se vuelve a hablar con intensidad sobre la necesidad de industrializar el sector de la construcción, una tarea que cuenta con numerosos ejemplos, especialmente, a partir de la Revolución Industrial, que, a pesar del planteamiento riguroso de algunas iniciativas, no consiguieron prosperar. Al menos, con la dimensión y vigencia deseada.

 

En la jornada organizada por el Observatorio 2030 del CSCAE y Saint-Gobain, en la sede de la delegación navarra del COAVN, pudimos comprobar los diferentes enfoques que tienen los promotores, industriales y los arquitectos y arquitectas. No obstante, todos convergen en que se trata del camino que llevará la construcción a partir de ahora, como vehículo ante las dificultades presentadas y la búsqueda de una calidad acorde con la demanda actual.

Desde el punto de vista de la promoción, se incide en la necesidad de industrializar el sector de la construcción y en las ventajas que esta industrialización aporta, y promoverla a través de iniciativas como la formación especializada, la investigación 

y la creación de alianzas con empresas y entidades. Los ejemplos presentados muestran la viabilidad y la rentabilidad del proceso industrializado dentro de un contexto de control de costes que debe contar con una demanda constante que soporte los procesos productivos.

 

Se presentaron numerosos ejemplos de proyectos que han considerado la industrialización desde su génesis, desde módulos 3D hasta la incorporación de componentes aislados, demostrando sus virtudes cuando se contemplan desde las fases iniciales de concepción del proyecto.

Pero las ventajas de estos sistemas industrializados, como la reducción de plazos, la mejora de la calidad de los acabados, la precisión dimensional, la disminución de residuos y la optimización del proceso constructivo, no deben considerarse aisladamente, minusvalorando la relevancia de la Arquitectura como elemento sustancial del entorno construido y negando su condición de servicio. Por ello, se antoja necesario eliminar las ideas preconcebidas y proponer un enfoque más holístico que integre la creatividad, la responsabilidad social y la adaptación al contexto.


Una revisión crítica considera que el renovado discurso sobre la industrialización, a pesar de su aparente eficiencia, ha perdido de vista sus raíces sociales e ideológicas, convirtiéndose en un mero proceso productivo que sacrifica la creatividad y la capacidad crítica de los/as arquitectos/as. Esta sólo tendrá sentido si sirve para construir una mejor sociedad y expresar los valores y necesidades del tiempo presente. La industrialización no debe ser vista como un fin en sí mismo, sino como un medio para lograr una arquitectura más significativa y humana, pues existe el peligro de reducir la arquitectura a una mera fachada, perdiendo así el valor de la estructura, la innovación y el pensamiento crítico que caracterizan a la arquitectura como disciplina. Quizá el papel del arquitecto necesitará en adelante una redefinición, un agente que no solo sea capaz de diseñar, sino también de liderar procesos de construcción, colaborar con ingenieros y gestionar la producción de la construcción, con un objetivo final, buscar el modo en que la industrialización esté presente en el modo de concebir la arquitectura y sirva como herramienta para construir un mundo mejor.

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